La Mujer del Animal es la más reciente película de Victor Gaviria, filme que se estrenó el pasado 9 de Marzo y que pasó desapercibida por las salas de cine.
Después de más de 10 años de ausencia en las salas de cine, Victor Gaviria, el realizador colombiano que ha participado en la competencia de largometrajes en Cannes, regresa a las pantallas de cine con una película dura y contundente sobre la violencia contra la mujer.
Protagonizada por Natalia Polo y Tito Alexander, esta historia salvaje, cruda y realista, nos sitúa en la ciudad de Medellín en los años 80; quizás no la Medellín de los narcos y de Pablo Escobar, pero si la Medellín que desde hace muchos años no miramos, esa Medellín que esta viva en las laderas.
Con un realismo muy fuerte, esta película desata ante cualquier espectador una crisis de ansiedad, de nervios y de rabia, no por que el film no sea bueno, pero sí por lo impactante de su historia. Algo muy parecido a las anteriores películas de Victor. Su trabajo con los actores naturales ha sido exaltado por muchos y criticado por otros, pero el resultado de la obra en sí es bastante sobresaliente.
La obra de Víctor Gaviria se caracteriza por reflejar de manera cruda una sociedad oculta ante los ojos de los ciudadanos; que saben que está ahí, pero ignoran sus dinámicas y problemáticas. La mujer del animal no es la excepción, pues retrata visceralmente el miedo y la brutalidad que padece una mujer al caer presa de un hombre abusivo y violento, un hombre que representa la maldad absoluta.

Esta película confronta al ciudadano del común, lo pone incómodo y lo golpea con una bofetada del más crudo y vil realismo. Quizás tanta realidad ahuyentó a muchos espectadores de las salas – no lo sabemos– pero de lo que si estamos seguros es que, uno no es el mismo luego de ver esta película; no se puede ser el mismo luego de ver esta historia; no se puede ser el mismo sabiendo que quizás muchas mujeres viven a diario una historia así. Una película que confronta la ética, la moral y a la justicia misma.
Esta historia no es ajena a ninguna mujer, pues en pleno siglo XXI hay cifras que indican que al menos el 35%* de las mujeres en el mundo ha sufrido algún tipo de violencia. Y es necesario que sea contada cruda y dolorosamente, que incomode al espectador, porque ayuda a crear conciencia frente a problemáticas que atentan contra los derechos humanos.
Víctor, a la par que cuenta la historia de esta mujer, está narrando la otra Medellín. Esa Medellín que todos ven, pero que no reconocen; la Medellín de las montañas, y de los forasteros, de los marginados; la Medellín que casi no tiene voz, y que llora en silencio a sus muertos; la Medellín por la que nadie sale a marchar a las calles.

